Google+ LA PERSONA DE CRISTO: October 2006

EL DIOS QUE YO CONOZCO

2.00. Inicio de las Controversias (Trinitaria y Cristológica)

"En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho... Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad" (Juan 1:1-3, 14)

La fe cristiana tiene su fuente, su centro y su certeza en el Cristo histórico del NT.

Tal como se presenta en Juan 1:1-3, 14, e invariablemente se afirma en todo el NT, Cristo es:
(1) Dios en el sentido absoluto y pleno de la palabra.
(2) Verdaderamente hombre en todo respecto.
(3) Sin pecado.
(4) Digno de ser adorado y glorificado.

En la encarnación, la deidad y la humanidad se unieron inseparablemente en la persona de Jesucristo, el Dios-hombre sin igual.

Pero las Escrituras también declaran que "Jehová nuestro Dios, Jehová uno es" (Deut. 6:4; Mar. 12:29).

El legado de verdad que heredó la iglesia cristiana incluía, pues, la paradoja de un monoteísmo trino y uno y el misterio de un Dios encarnado. Ambos conceptos van más allá del entendimiento limitado y no permiten el análisis final ni la definición absoluta.

Para los fervientes cristianos de los días apostólicos, el hecho dinámico de un Señor crucificado, resucitado y viviente, a quien muchos de ellos habían visto y oído (Juan 1:14; 2 Ped. 1:16; 1 Juan 1:1-3), relegaba a un plano de menor importancia los problemas teológicos de la naturaleza de Cristo. La iglesia cristiana primitiva no tomó tiempo para desarrollar o explicar estos conceptos.

Sin embargo, cuando pasó esa generación (ver Apoc. 2:4; cf. Jos. 24: 31), la visión de un Señor viviente se oscureció y palidecieron la pureza y la devoción prístinas; los hombres se apartaron cada vez más de las realidades prácticas del Evangelio y se ocuparon de sus complicados aspectos teóricos, con la ilusión de que escudriñando con los intrincados razonamientos de la filosofía quizá podrían descubrir a Dios.

"¿Descubrirás tú los secretos de Dios? ¿Llegarás tú a la perfección del Todopoderoso? (Job 11:7).

"¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!" (Rom. 11:33).

Era necesário explicar las aparentes contradicciones. Surgieron los "conflictos (o controversias) cristológicos".

Entre las diversas herejías que surgieron para turbar a la iglesia, las más graves fueron las que
atañían a la naturaleza y persona de Cristo. Durante siglos la iglesia fue sacudida por los conflictos suscitados por estos problemas, que dejaron una larga estela de herejías, concilios y cismas.

Para cualquiera, con excepción de los estudiantes de historia eclesiástica, un estudio detallado de esta controversia puede parecer desprovisto de interés y de valor práctico. Pero hoy día, no menos que en los tiempos apostólicos, la certeza de la fe cristiana se centra en el Cristo histórico del NT.

También es un hecho que, de una manera u otra, varias herejías antiguas han sobrevivido o han revivido.

Mediante un repaso del decurso de esa controversia de los primeros días, los cristianos modernos pueden aprender a reconocer - para estar vigilantes contra ellos - los mismos errores que perturbaron a sus consagrados hermanos en siglos pasados:

"Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres" (Juan 8:32).

"Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo" (1 Juan 4:1).

"El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta" (Juan 7:17).

Generalmente las dos principales fases de este prolongado debate se conocen como las controversias trinitaria y cristológica.

La controversia trinitaria se ocupó de la condición de Cristo como Dios y se centralizó en las luchas de la iglesia con el docetismo, el monarquianismo y el arrianismo, desde el siglo I hasta el siglo IV.

La controversia cristológica se ocupó de la relación intrínseca entre la naturaleza divina y la naturaleza humana de Cristo y se centralizó en sus luchas con el nestorianismo, el monofisismo y el monotelismo, desde el siglo V hasta el VII.

1.08. Revelación x Especulación

Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen. Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria, la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria. Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios”. (1 Cor. 2:6-11).

La revelación es una iniciativa y un acto exclusivo de Dios. Los seres humanos tenemos el privilegio de escoger servir a un Dios que decidió revelarse a nosotros, pero no tenemos absolutamente ninguna participación en la revelación.

La revelación no es creación o invención de algo nuevo, sino la manifestación de lo que era antes de ser dado a conocer, lo cual escapaba al conocimiento de los seres humanos. "Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre" (Deut. 29:29).

La Biblia estaba destinada a ser una guia para todos aquellos que deseasen conocer la voluntad de su Creador. Dios dio a los hombres la firme palabra profética; ángeles, y hasta el mismo Cristo, vinieron para dar a conocer a Daniel y a Juan las cosas que deben acontecer en breve.

Las cosas importantes que conciernen a nuestra salvación no quedaron envueltas en el misterio. No fueron reveladas de manera que confundan y extravíen al que busca sinceramente la verdad. La Palabra de Dios es clara para todos aquellos que la estudian con espíritu de oración. Toda alma verdaderamente sincera alcanzará la luz de la verdad. "Luz está sembrada para el justo." (Salmo 97:11.) Y ninguna iglesia puede progresar en santidad si sus miembros no buscan ardientemente la verdad como si fuera un tesoro escondido.

Los alardes de "liberalidad" ciegan a los hombres para que no vean las asechanzas de su adversario, mientras que éste sigue trabajando sin cesar y sin cansarse hasta cumplir sus designios. Conforme va consiguiendo suplantar la Biblia por las especulaciones humanas, la ley de Dios va quedando a un lado, y las iglesias caen en la esclavitud del pecado, mientras pretenden ser libres.

Para muchos, las investigaciones científicas se han vuelto maldición. Al permitir todo género de descubrimientos en las ciencias y en las artes, Dios ha derramado sobre el mundo raudales de luz; pero aun los espíritus más poderosos, si no son guiados en sus investigaciones por la Palabra de Dios, se extravían en sus esfuerzos por encontrar las relaciones existentes entre la ciencia y la revelación.

Los conocimientos humanos, tanto en lo que se refiere a las cosas materiales como a las espirituales, son limitados e imperfectos; de aquí que muchos sean incapaces de hacer armonizar sus nociones científicas con las declaraciones de las Sagradas Escrituras. Son muchos los que dan por hechos científicos lo que no pasa de ser meras teorías y elucubraciones, y piensan que la Palabra de Dios debe ser probada por las enseñanzas de "la falsamente llamada ciencia." (1 Timoteo 6:20.) El Creador y sus obras les resultan incomprensibles; y como no pueden explicarlos por las leyes naturales, consideran la historia bíblica como sí no mereciese fe.

Los que dudan de la verdad de las narraciones del Antiguo Testamento y del Nuevo, dan a menudo un paso más y dudan de la existencia de Dios y atribuye poder infinito a la naturaleza. Habiendo perdido su ancla son arrastrados hacia las rocas de la incredulidad.

Es así como muchos se alejan de la fe y son seducidos por el diablo. Los hombres procuraron hacerse más sabios que su Creador; la filosofía intentó sondear y explicar misterios que no serán jamás revelados en el curso infinito de las edades. Si los hombres se limitasen a escudriñar y comprender tan sólo que Dios les ha revelado respecto de si mismo y de sus propósitos, llegarían a tal concepto de la gloria, majestad y poder de Jehová, que se darían cuenta de su propia pequeñez y contentarían con lo que fue revelado para ellos y sus hijos.

Una de las seducciones magistrales de Satanás consiste en mantener a los espíritus de los hombres investigando y haciendo conjeturas sobre las cosas que Dios no ha dado a conocer y que no quiere que entendamos.

Así fue como Lucifer perdió su puesto en el cielo. Se indispuso porque no le fueron revelados todos los secretos de los designios de Dios, y no se fijó en lo que le había sido revelado respecto a su propia obra y al elevado puesto que le había sido asignado. Al provocar el mismo descontento entre los ángeles que estaban bajo sus órdenes, causó la caída de ellos. En nuestros días trata de llenar las mentes de los hombres con el mismo espíritu y de inducirlos además a despreciar los mandamientos directos de Dios.

Los que no quieren aceptar las verdades claras y contundentes de la Biblia están siempre buscando fábulas agradables que tranquilicen la conciencia. Mientras menos apelen a espiritualidad, a la abnegación y a la humildad las doctrinas presentadas, mayor es la aceptación de que gozan. Esas personas degradan sus facultades intelectuales para servir sus deseos carnales. Demasiado sabias en su propia opinión par escudriñar las Santas Escrituras con contrición y pidiendo ardientemente a Dios que las guíe, no tienen escudo contra el error.

Satanás está listo para satisfacer los deseos de sus corazones y poner las seducciones en lugar de la verdad. Fue así como el papado estableció su poder sobre los hombres; y al rechazar la verdad porque entraña una cruz, los protestantes siguen el mismo camino. Todos aquellos que descuiden la Palabra de Dios para procurar su comodidad y conveniencia, a fin de no estar en desacuerdo con el mundo, serán abandonados a su propia suerte y aceptarán herejías condenables que considerarán como verdad religiosa.


Los que rechacen voluntariamente la verdad concluirán por aceptar todos los errores imaginables; y alguno que mire con horror cierto engaño aceptará gustosamente otro.

El apóstol Pablo, hablando de una clase de hombres que "no recibieron el amor de la verdad para ser salvos," declara: "Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira; a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia." (2 Tesalonicenses 2:10-12).

En vista de semejante advertencia nos incumbe ponernos en guardia con respecto a las doctrinas que recibimos. "Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre" (Deut. 29:29).

1.07. Misterio

"E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad:
Dios fue manifestado en carne,
Justificado en el Espíritu,
Visto de los ángeles,
Predicado a los gentiles,
Creído en el mundo,
Recibido arriba en gloria". 1 Tim. 3:16.

καὶ ὁμολογουμένως μέγα ἐστὶν τὸ τῆς εὐσεβείας μυστήριον· Θεὸς ἐφανερώθη ἐν σαρκί ἐδικαιώθη ἐν πνεύματι ὤφθη ἀγγέλοις ἐκηρύχθη ἐν ἔθνεσιν ἐπιστεύθη ἐν κόσμῳ ἀνελήφθη ἐν δόξῃ

μυστήριον [mustêrion], en el griego clásico significa "cosa oculta", "secreto". Se relaciona con μυστης mustês, "iniciado en los misterios". La flexión verbal μυεω mueô significa "iniciar", y se relaciona con μυω muô, "cerrar, especialmente ojos y boca”.

μυστηριον [mustêrion] entre los paganos significaba secretos o doctrinas secretas que sólo debían ser dadas a conocer a los que habían sido especialmente iniciados. Era el término técnico para las celebraciones y los ritos secretos, y también para los elementos simbólicos y los ornamentos que usaban en esas ceremonias religiosas.

La palabra "misterio", como la usaban originalmente los cristianos, no significaba algo que no podia ser entendido sino algo que solo podian entenderlo "los iniciados", es decir, los que tenian el derecho de saber. Por eso Jesús les dijo a sus discípulos que les era "dado saber los misterios del reino de los cielos" (Mat. 13:11), pero no a las multitudes.

En el NT μυστηριον [mustêrion] se refiere a algo que Dios desea hacer conocer a aquellos que están dispuestos a recibir su revelación, y no a algo que El desea mantener en secreto.

En los escritos de Pablo μυστηριον [mustêrion] tiene el significado de algo que, aunque no se puede entender plenamente sólo mediante la razón, ahora ha sido dado a conocer por medio de la revelación divina.

"Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos, pero que ha sido manifestado ahora, y que por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe" (Rom. 16:25, 26)

"Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria" (1 Cor 2:7).

"que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente, leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo" (Efe. 3:3-4).

Pablo consideraba que tenía la misión de hacer conocer el misterio "que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos" (el plan de salvación - Rom. 16:25; cf. 1 Cor. 2:7, Efe. 3:3-4).

El propósito eterno de Dios de redimir al hombre en Cristo ahora ha sido declarado en el cristianismo.

De ese modo Pablo describe toda la revelación cristiana como un misterio (Rom. 16:25; 1 Cor. 2: 7-10; Efe. 1: 9; 6: 19; Col. 1: 26; 2: 2; 1 Tim. 3: 9).

Aplica el término:
(1) a la encarnación de Cristo (1 Tim. 3:16),

(2) a la unión de Cristo con su iglesia simbolizada mediante el casamiento (Efe. 5: 32),

(3) a la transformación de los santos cuando Cristo venga por segunda vez (1 Cor. 15: 51),

(4) a la oposición del anticristo (2 Tes. 2: 7) y, especialmente,

(5) a la admisión de los gentiles en el reino de Cristo (Rom. 16:25-26; Efe. 3: 1-6; Col. 1: 26-27).

(En Apoc. 1:20; 17:5, 7 se refiere a un símbolo que debe ser interpretado para que pueda ser bien comprendido).

“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles” (Rom. 11:25). (El misterio que Pablo está declarando aqui es el propósito de Dios de salvar en su reino tanto a los judíos como a los gentiles. El endurecimiento de Israel será usado de alguna manera y en una forma que está más allá de la comprensión humana (Rom. 11:33), para dar lugar a la culminación de ese plan divino.

1.06. Y serán todos enseñados de Dios

“Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados de Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí”. Juan 6:45.

Y serán todos enseñados de Dios

Esta cita está tomada de Isaias 54:13 “Y todos tus hijos serán enseñados por Jehová; y se multiplicará la paz de tus hijos”. Pero no sigue exactamente ni el texto hebreo ni a la LXX. En Juan 6:45 provablemente fue adaptada para que concordara con el contexto.

Hijos

Esta palabra se emplea comúnmente en hebreo para referirse a la descendencia, sin tener en cuenta la edad. Abarca a niños y mayores. Aquí se refiere a todos los judíos, como "hijos" de su madre Jerusalén.

Enseñados por Jehová

Hasta ese momento, debido a su extravío, los judíos habían rechazado la instrucción de Jehová:

“Oíd, cielos, y escucha tú, tierra; porque habla Jehová: Crié hijos [la relación entre Dios y su pueblo ha sido la de un padre con su hijo. Todo lo que un padre puede hacer en favor de su hijo, Dios lo ha hecho en favor de su pueblo. Por haber sido objeto de este cuidado paternal, el pueblo de Dios debería haber aceptado las responsabilidades filiales juntamente con sus privilegios], y los engrandecí, y ellos se rebelaron [rehusaron someterse a la autoridad de su Padre celestial y no hicieron caso de lo que él requería de ellos] contra mí”. Isaias 1:2.

En adelante, después de la restauración, estarían dispuestos a ser enseñados de Dios.

Paz

El bienestar completo, tanto del corazón, la mente, el cuerpo, como de la relación con los demás.

Los antiguos intérpretes judíos entendían este pasaje de Isaías como una profecía de la obra de Dios en el día cuando viniera el Mesías. La aplicaban a si mismos. Se jactaban de que Dios era su maestro. Pero Jesús demostró cuán vano era este aserto; porque dijo: "Todo aquel que oyó del Padre, y aprendió de él, viene a mí."

Únicamente por Cristo podían ellos recibir un conocimiento del Padre. La humanidad no podía soportar la visión de su gloria. Los que habían aprendido de Dios habían estado escuchando la voz del Hijo, y en Jesús de Nazaret iban a reconocer a Aquel a quien el Padre había declarado por la naturaleza y la revelación. “Pero hay algunos de vosotros que no creen... Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre.” Juan 6:64, 65.

El hecho de que Pedro discernía la gloria de Dios era evidencia de que se contaba entre los que habían sido "enseñados de Dios”.

1.05. Escrito está en los profetas

Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados de Dios. Así que, todo aquel que oyó del Padre, y aprendió, viene a mí” (Juan 6:45).

En los profetas

Se refiere a la sección profética de la Biblia hebrea. [El Antiguo Testamento hebreo consistía en 24 libros, que eran divididos en las siguientes tres divisiones principales:

1. La ley (torah) que contiene los cinco libros de Moisés, o Pentateuco.

2. Los profetas (nebi'im) subdivididos en:

a) Cuatro "anteriores", Josué, Jueces, 1 y 2 Samuel y 1 y 2 Reyes, y

b) Cuatro "posteriores", Isaías, Jeremías, Ezequiel y los doce profetas menores en un solo libro.

3. Los escritos (ketubim), constituidos por los once libros restantes, de los cuales Esdras, Nehemías y 1 y 2 de Crónicas forman cada uno un solo libro.

La triple división del Antiguo Testamento hebreo en el tiempo de Cristo es confirmada por sus propias palabras:

“Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliesen todas las cosas que están escritas de mí en [1] la ley de Moisés, y en [2] los profetas, y en [3] los salmos (el primer libro de la tercera división)”. Lucas 24:44.

1.04. No te lo reveló carne ni sangre

“Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Y entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás; porque no te lo reveló carne ni sangre, mas mi Padre que está en los cielos" (Mateo 16:16, 17).

La verdad que Pedro había confesado es el fundamento de la fe del creyente. Es lo que Cristo mismo ha declarado ser vida eterna: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”. Juan 17:3.

Pero la posesión de este conocimiento no era motivo de engreimiento. No era por ninguna sabiduría o bondad propia de Pedro por lo que le había sido revelada esa verdad.

Nunca puede la humanidad de por sí alcanzar un conocimiento de lo divino: “Es más alta que los cielos; ¿qué harás? Es más profunda que el Seol; ¿cómo la conocerás?” (Job 11:8).

Únicamente el espíritu de adopción puede revelarnos las cosas profundas de Dios: “Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios”.(1 Cor. 2:9, 10). “El secreto de Jehová es para los que le temen; Y a ellos hará conocer su alianza” (Sal. 25:14); y el hecho de que Pedro discernía la gloria de Dios era evidencia de que se contaba entre los que habían sido "enseñados de Dios" (João 6:45).

¡Ah! en verdad, “bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás; porque no te lo reveló carne ni sangre".

1.03. Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

"El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente" (Mat. 16:15, 16).

Esta pregunta estaba relacionada con los discípulos mismos. Desde el principio, Pedro había creído que Jesús era el Mesías.

Muchos otros que habían sido convencidos por la predicación de Juan el Bautista y que habían aceptado a Cristo, empezaron a dudar en cuanto a la misión de Juan cuando fue encarcelado y ejecutado; y ahora dudaban que Jesús fuese el Mesías a quien habían esperado tanto tiempo.

Muchos de los discípulos que habían esperado ardientemente que Jesús ocupase el trono de David, le dejaron cuando percibieron que no tenía tal intención. Pero Pedro y sus compañeros no se desviaron de su fidelidad. El curso vacilante de aquellos que ayer le alababan y hoy le condenaban no destruyó la fe del verdadero seguidor del Salvador. "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente."

El no esperó que los honores regios coronasen a su Señor, sino que le aceptó en su humillación. El había expresado la fe de los doce. Sin embargo, los discípulos distaban mucho de comprender la misión de Cristo. La oposición y las mentiras de los sacerdotes y gobernantes, aun cuando no podían apartarlos de Cristo, les causaban gran perplejidad. Ellos no veían claramente el camino.

La influencia de su primera educación, la enseñanza de los rabinos, el poder de la tradición, seguían interceptando su visión de la verdad. De vez en cuando resplandecían sobre ellos los preciosos rayos de luz de Jesús; mas con frecuencia eran como hombres que andaban a tientas en medio de las sombras.

Pero en ese día, antes que fuesen puestos frente a frente con la gran prueba de su fe, el Espíritu Santo descansó sobre ellos con poder. Por un corto tiempo sus ojos fueron apartados de "las cosas que se ven" para contemplar "las que no se ven". 2 Cor. 4:18. Bajo el disfraz de la humanidad, discernieron la gloria del Hijo de Dios.

Jesús contestó a Pedro: "Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás; porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos."