Google+ LA PERSONA DE CRISTO: 1.04. No te lo reveló carne ni sangre

1.04. No te lo reveló carne ni sangre

“Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Y entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás; porque no te lo reveló carne ni sangre, mas mi Padre que está en los cielos" (Mateo 16:16, 17).

La verdad que Pedro había confesado es el fundamento de la fe del creyente. Es lo que Cristo mismo ha declarado ser vida eterna: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”. Juan 17:3.

Pero la posesión de este conocimiento no era motivo de engreimiento. No era por ninguna sabiduría o bondad propia de Pedro por lo que le había sido revelada esa verdad.

Nunca puede la humanidad de por sí alcanzar un conocimiento de lo divino: “Es más alta que los cielos; ¿qué harás? Es más profunda que el Seol; ¿cómo la conocerás?” (Job 11:8).

Únicamente el espíritu de adopción puede revelarnos las cosas profundas de Dios: “Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios”.(1 Cor. 2:9, 10). “El secreto de Jehová es para los que le temen; Y a ellos hará conocer su alianza” (Sal. 25:14); y el hecho de que Pedro discernía la gloria de Dios era evidencia de que se contaba entre los que habían sido "enseñados de Dios" (João 6:45).

¡Ah! en verdad, “bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás; porque no te lo reveló carne ni sangre".