Google+ LA PERSONA DE CRISTO

EL DIOS QUE YO CONOZCO

2.05. Nestorianismo

Después del Concilio de Constantinopla, la atención de la iglesia se volvió al así llamado aspecto cristológico del problema de la naturaleza y persona de Cristo. Se intentó definir la naturaleza del elemento divino y del elemento humano en Cristo, y declarar la relación entre los dos. ¿Cómo podían coexistir dos naturalezas personales en una persona?

Esta fase de la controversia se centró en dos escuelas opuestas, una en Alejandría y la otra en Antioquía de Siria.

Ambas reconocían la verdadera unidad de la divinidad y la humanidad en una única persona: Jesucristo. Pero la escuela de Alejandría hacía resaltar la unidad de las dos naturalezas y destacaba la importancia de la deidad, al paso que la escuela de Antioquía hacía resaltar la distinción entre las dos naturalezas y destacaba la importancia del aspecto humano.

Los adeptos de Antioquía sostenían que la divinidad y la humanidad se habían relacionado en una coexistencia constante y en una cooperación, sin fusionarse realmente. Separaban las dos naturalezas en la persona de Cristo, declarando que no hubo una unión completa sino sólo una asociación permanente. Hacían una distinción radical entre Cristo como el Hijo de Dios y Cristo como el Hijo del hombre, y reconocían en forma más clara la naturaleza humana. Concebían la unidad de las dos naturalezas como si se hubiera realizado mediante la unidad de las voluntades respectivas. Preservaban la realidad y la integridad de la naturaleza humana de Cristo, pero ponían en peligro la unidad de la persona. Era una unión imperfecta, incompleta, indefinida y mecánica, en la cual las dos naturalezas no estaban realmente unidas en una sola persona dotada de conciencia.

Por otra parte, los alejandrinos concebían una compenetración milagrosa y completa de las dos naturalezas, habiéndose fusionado la humana con la divina y habiéndose subordinado aquélla a ésta. De esa manera, Dios entró en la humanidad, y por medio de esa unión de la Deidad y de la naturaleza humana se hizo posible que Cristo llevara a la humanidad de nuevo a Dios.

El choque de las dos escuelas llegó a su clímax en la controversia nestoriana, a principios del siglo V. Nestorio de Antioquía aceptaba la verdadera divinidad y la verdadera humanidad, pero negaba su unión en una sola persona autoconsciente. El Cristo de los nestorianos es en realidad dos personas que disfrutan de una unión moral afín. Sin embargo, ninguna de ellas está decisivamente influida por la otra. La Deidad no se humilla; la humanidad no se ensalza. Hay un Dios y hay un hombre, pero no hay un Dios-hombre.

El tercer concilio ecuménico de la iglesia se reunió en Efeso, en 431, con el propósito de decidir la controversia existente entre las escuelas de Antioquía y Alejandría.

El concilio condenó a Nestorio y sus enseñanzas, pero no consideró necesario redactar un nuevo credo que reemplazara al Credo Niceno. En realidad, nada se decidió ni realizó, excepto ampliar la brecha, y la controversia resultante tomó tales proporciones que se pusieron a un lado todos los otros problemas doctrinales.

2.04. Arrianismo

A comienzos del siglo IV Arrio, un presbítero de la Iglesia de Alejandría, aceptó la teoría de Orígenes en cuanto al Logos, con la excepción de que no reconoció ninguna sustancia intermedia entre Dios y los seres creados.

Dedujo que el Hijo no es divino en ningún sentido de la palabra sino estrictamente una criatura, aunque la más excelsa y primera de todas, y que por lo tanto "hubo [un tiempo] cuando no existía".

Enseñaba que sólo hay un ser - el Padre - a quien se le puede atribuir una existencia atemporal, que el Padre creó al Hijo de la nada y que antes de haber sido engendrado por un acto de la
voluntad del Padre, el Hijo no existía.

Para Arrio, Cristo tampoco era verdaderamente humano porque no tenía un alma humana, ni era verdaderamente divino, porque le faltaba la esencia y los atributos de Dios. Sencillamente era el más excelso de todos los seres creados. El ser humano, Jesús, fue elegido para ser el Cristo en virtud de su triunfo, que Dios conocía mediante su presciencia.

En el Primer Concilio de Nicea, reunido en 325 d. C. para resolver la controversia arriana, Atanasio se presentó como "el padre de la ortodoxia", sosteniendo que Cristo siempre existió y que no provino de la nada previa sino que era de la misma esencia del Padre.

Aplicando a Cristo el término ὁμοούσιος [homoousios], "una sustancia" ("misma sustancia"), el concilio afirmó su creencia de que él es de la única y misma esencia como el Padre.

ὁμοούσιος [homoousios], no podría haberse entendido de otra forma.
El concilio anatematizó al arrianismo y al sabelianismo como las dos principales desviaciones de la verdad exacta, y declaró que no negaba la unidad de la Deidad cuando defendía la Trinidad, ni negaba la Trinidad cuando defendía la unidad.

Por eso el Credo Niceno afirma que el Hijo es "engendrado del Padre, [... ], de la sustancia del Padre, Dios de Dios; luz de luz; Dios verdadero de Dios verdadero; engendrado, no hecho; consustancial al Padre". Este credo se convirtió en la prueba crucial de la ortodoxia trinitaria.

Los arrianos rechazaron la decisión del concilio, recurrieron al cisma y durante varios siglos el arrianismo demostró ser el enemigo más formidable de la Iglesia Católica Romana.
Después del Primer Concilio de Nicea, un grupo, a veces llamado de semiarrianos, también hostigó a la iglesia. Su palabra clave era ὁμοιούσιος [homoiousios] , con la cual describía al Hijo como de una "sustancia parecida" a la del Padre, en contraste con ὁμοούσιος [homoousios] del Credo Niceno.
Apolinar y Marcelo se destacaron entre los opositores a la ortodoxia después del Concilio de Nicea. Ambos afirmaban la verdadera unidad de lo divino y lo humano en Cristo, pero negaban su verdadera humanidad, afirmando que la voluntad divina hizo de la naturaleza humana de Jesús un instrumento pasivo.
Estos diversos problemas resultaron en otro concilio, celebrado en Constantinopla en 381. Este concilio reafirmó el Credo Niceno, aclaró su significado, y declaró la presencia de las dos verdaderas naturalezas en Cristo.

2.03. Monarquianismo

Como el nombre lo indica, el monarquianismo hacía resaltar la unidad de la Deidad. (Literalmente, un "monarca" es un "gobernante único".)

En efecto, fue una reacción contra los muchos dioses de los gnósticos y los dos dioses de Marción: el Dios del AT, a quien consideraban como un Dios malo, y Cristo, un Dios de amor. Como sucede con tanta frecuencia con los movimientos reaccionarios, se fue al extremo opuesto, y, como resultado, se convirtió en una herejía que la iglesia más tarde creyó necesario condenar.

La tendencia que caracterizaba al monarquianismo pudo haber servido en gran medida para eliminar de la iglesia las enseñanzas gnósticas, pero el remedio hizo casi tanto mal como la enfermedad que pretendía remediar.

La lucha contra el monarquianismo comenzó hacia fines del siglo II y continuó hasta bien entrado el III.

Hubo dos clases de monarquianos: los dinamistas (término que proviene de una palabra griega que significa "poder"), que enseñaban que un poder divino animaba el cuerpo humano de Jesús - suponían que Jesús no tenía divinidad propia en sí mismo y le faltaba un alma realmente humana -, y los modalistas, que concebían un Dios que se había revelado en diferentes formas.

A fin de mantener la unidad de la Deidad, los dinamistas negaban de plano la divinidad de Cristo, a quien consideraban como un mero hombre elegido por Dios para ser el Mesías y que había sido elevado hasta un nivel de deidad. De acuerdo con el adopcionismo - una variante de esta teoría - el hombre Jesús logró la perfección y fue adoptado como el Hijo de Dios en ocasión de su bautismo.

Los modalistas enseñaban que un Dios se había revelado en formas diferentes. Negando diferencia alguna de personalidad, abandonaron completamente la creencia en un Dios trino y uno por naturaleza. Aceptaban la verdadera divinidad tanto del Padre como del Hijo, pero se apresuraban a explicar que ambas sólo eran diferentes designaciones para el mismo ser divino.

Esta posición a veces es llamada patripasianismo porque suponía que el Padre llegó a ser el Hijo en la encarnación y, por lo tanto, sufrió y murió como el Cristo. De la misma manera, en la resurrección el Hijo llegó a ser el Espíritu Santo. Esta teoría también es llamada sabelianismo debido a que su más famoso exponente fue Sabelio. Los sabelianos sostenían que los nombres de la Trinidad eran meras designaciones mediante las cuales la misma persona divina realizaba diversas funciones cósmicas. Sostenían que antes de la encarnación ese ser divino fue el Padre; en la encarnación el Padre se convirtió en el Hijo; y en la resurrección el Hijo llegó a ser el Espíritu Santo.

A comienzos del siglo III, Tertuliano refutó el monarquianismo modalista, haciendo resaltar tanto la personalidad del Hijo de Dios como la unidad de la Deidad. Sin embargo, pensaba que Cristo era Dios en un sentido subordinado. Esta teoría se conoce como subordinacionismo.

A mediados del siglo III, Orígenes propuso la teoría de la generación eterna. Según ella, sólo el Padre es Dios en el sentido más excelso. El Hijo es coeterno con el Padre, pero es "Dios" sólo en un sentido derivado. Orígenes creía, que el alma de Cristo -como todas las almas humanas, según su concepto equivocado - preexistió pero fue diferente de todas las otras por ser pura y no haber caído. El Logos, o Verbo divino, creció en indisoluble unión con el alma humana de Jesús.

Distinguiendo entre theós (Dios) y ho theós (el Dios) de Juan 1: 1, Orígenes llegó a la conclusión de que el Hijo no es Dios en un sentido primitivo y absoluto, sino "Dios" sólo en virtud de haber recibido un grado secundario de divinidad que podría llamarse theós, pero no ho theós. Quedaría, pues, Cristo a la mitad del camino entre las cosas creadas y las que no lo son.

Orígenes puede ser llamado el padre del arrianismo.